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Mexicana busca la inclusión del lenguaje de señas dentro de las empresas

Inclusión Social
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Karen Tovar, estudiante del Tecnológico de Monterrey trabaja en una iniciativa 100% incluyente donde no son necesarias las palabras para comunicarse; su sueño implementarlo en los grandes corporativo.

Por Mariana Perales

Ciudad de México.- Lo que empezó como una simple curiosidad por aprender una nueva forma de comunicación, se ha convertido en el proyecto de emprendimiento social de Karen Tovar López, estudiante del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México.

La estudiante de séptimo semestre de la carrera Licenciado en Relaciones Internacionales cuenta en entrevista para CONECTA cómo nace su proyecto para la inclusión de personas con discapacidad auditiva.

Después de poco más de un año en el Hub de Emprendimiento Social del Tec de Monterrey, Karen está por consolidar su empresa para capacitar a las empresas sobre la importancia de la lengua de señas y que sus colaboradores lo dominen; además de la inclusión de personas con discapacidad auditiva dentro de las mismas.

Su Descubrimiento

“Me gusta aprender nuevas formas de comunicarme, y mi curiosidad me llevó aprender lengua de señas; en el transcurso, no solo aprendí el lenguaje, aprendí muchas cosas más y nació en mí la necesidad de ayudarlos”, compartió.

Karen recuerda que cuando era pequeña conoció la historia de Hellen Keller escritora, oradora y activista política sordociega estadounidense y uno de los ejemplos de superación personal más valiosos de la humanidad.

Tiempo después, tuvo oportunidad de tener el primer acercamiento con la comunidad sorda a través de su mamá quien vio en las calles un letrero de exámenes auditivos para su abuelo; la doctora que lo realizaba impartía cursos de lengua de señas en el IMJUVE de su comunidad y la invitó a participar.

“Al estar inmersa con la comunidad me di cuenta de la falta de inclusión sobre todo en el ámbito laboral, y decidí seguir aprendiendo y capacitándome en el tema para poder hacer algo por ellos”, agregó.

Una vez concluído el curso, decidió continuar su formación y cada sábado durante dos años, asistió al laboratorio intérprete de lengua de señas mexicanas impartido por la Universidad Autónoma Metropolitana para certificarse.

“En este tiempo, conocí la dura realidad a la que se enfrentan las personas con discapacidad auditiva”, Karen Tovar.

Dentro del curso Karen participó en diferentes actividades en espacios públicos para conocer la situación a la que se enfrentan las personas de la comunidad sorda.

“En las actividades dentro de las clases tenía que ir al supermercado y comprar productos con lengua de señas, la primera vez que me tocó hacerlo, la señorita que me atendió no me hizo caso; es un ambiente muy feo, te ignoran, te tratan mal, se dan la vuelta, no te ven a los ojos”,

“Ese tipo de ejercicios me hizo darme cuenta que las personas con discapacidad auditiva se enfrentan a muchas limitaciones en su día a día, en cosas básicas como ir al súper, al cine o a un restaurante”, señaló.

En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), actualmente existen 5 millones 739 mil 270 personas en nuestro país que viven con una discapacidad, y de ellas el 12.1 por ciento tienen discapacidad auditiva, quienes en muchos casos son discriminadas o carecen de oportunidades de desarrollo por su condición.

El inicio del proyecto  

Con ese contexto en mente, hace un año, surgió en Karen, la iniciativa de crear una cafetería a través del Hub de Emprendimiento Social del campus Estado de México, como una alternativa de inclusión social y laboral para personas con discapacidad auditiva.

“Quería generar un espacio de trabajo y recreación social, donde la comunidad sorda y oyente pudieran comunicarse sin imponer el habla o el uso de la lengua de señas mexicana”, refiere.

El modelo de inclusión laboral creado por Karen para este sector de la población, participó en el Crowdfunding del Reto Emprendedor obteniendo un monto de $21,029.99, recurso que le permitió durante cuatro domingos validar su idea a través de la simulación de una cafetería incluyente para la comunidad sorda y oyente.

“Hay personas con discapacidad auditiva que hablan, algunos la tienen de nacimiento y otros la adquieren en el transcurso de la vida por alguna enfermedad, son pocas las personas con discapacidad auditiva que pueden leer labios, estas personas tienden a aislarse porque no quieren ser parte de una comunidad que los excluya”.

El proyecto piloto fue atendido por Odín, un joven con discapacidad auditiva de nacimiento quien fungió como mesero de la cafetería para compartir con la comunidad la importancia de un trabajo digno para las personas con discapacidad auditiva.

“En este tiempo vi que las personas se acercaban con muchos estereotipos, cuando Odín estaba de mesero, no le hacían caso, no lo volteaban a ver a los ojos o simplemente no sabía cómo comunicarse con él; por su parte Odín, no quería acercarse pues no está acostumbrado a ese tipo de experiencias y tenía miedo de ser rechazado”,

“A la mayoría de las personas les da “miedo” ver a los ojos a una persona cuando tienen una discapacidad, con esto, quiero probar que se pueden romper barreras de comunicación y cualquier persona que tenga un negocio o asista a uno se anime a ser incluyente”, agregó.

A través de la cafetería Karen impulsaba a la gente a que se adentrara en la cultura sorda, contando con un menú en letra y en señas; aquellos que intentaran pedir a través de señas se le hacía un 10% de descuento del consumo total.

“La cafetería funcionaba como un punto de encuentro entre la cultura sorda y la oyente, donde cualquier persona podía entrar y realizar sus actividades sin las limitantes del lenguaje y sin ninguna diferencia por parte de los trabajadores”, detalló.

De una cafetería a empresa social  

Después de validar su idea de negocio, Karen se dio cuenta que más allá de tener un establecimiento para este segmento de la población, lo que realmente se necesita es capacitar a los establecimientos actuales sobre inclusión para que sean lugares aptos para toda la comunidad.

Motivo por el cual, la estudiante actualmente trabaja en una empresa social que pueda ofrecer experiencias de inclusión a la comunidad sorda en la Ciudad de México.

“La cafetería fue el pretexto original pero quiero ir más allá, no solo quedarme en un establecimiento o una cadena de cafeterías, sino que todos y cada uno de los establecimientos que existen actualmente estén capacitados para saber cómo atender y tratar a una persona con cualquier discapacidad”,

“Tenemos que hacer conciencia de que no se necesitan lugares especiales, sino que todos los establecimientos sepan cómo incluirlos”, enfatizó.

En ese sentido, Karen se compromete a conocer a la empresa o asociación, entender cómo funciona y adaptar no solo con lengua de señas a la comunidad sorda, sino al cliente al que se dirigirán.

“Quiero terminar con las limitantes que existen para estas personas incluso con el estereotipo de que una persona con discapacidad auditiva es un inválido y así cambiar la cultura mexicana,

“Cada persona merece ser autónomo y debe poder ir a una cafetería o cualquier establecimiento y pedir lo que quiera sin necesidad de ir acompañado de alguien que lo tenga que hacer en su lugar al tener una discapacidad”, resaltó.

Para finalizar, Karen comparte una reflexión con los lectores.

“Para darse cuenta del problema de inclusión que existe, imaginen lo siguiente, cuando te ponen a un extranjero enfrente tú tratas de comunicarte con él, buscas cómo conectar con su idioma o incluso buscas a un traductor, pero cuando te ponen a una persona con discapacidad auditiva enfrente que es de tu mismo país o incluso es tu vecino lo rechazas”,

“No puedo cambiar el mundo pero mi visión es poder crear una comunidad donde las personas puedan hacer su vida diaria sin limitaciones, me siento muy ilusionada porque yo voy a construir la comunidad en la que voy a vivir donde no me excluyan por quien soy, de donde vengo o mis habilidades y todos tienen derecho a ser autónomos y vivir la vida que quieran”,

Con su proyecto, Karen busca crear conciencia y servir de ejemplo para que todos los dueños de los negocios tengan entre sus empleados a personal que domine la lengua de señas, en pro de las personas con discapacidad auditiva y romper con las diferencias.

“El Tec me ha brindado la habilidad que más aprecio y he reforzado en este tiempo, el networking y el socializar con las personas sin importar nacionalidad o idioma, a ser empático con las otras personas para conocer sus necesidades”, puntualizó.