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Los Domingos: una mirada incómoda a la familia como refugio, ganadora de los Premios Goya

Estilos de Vida
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Por Reyes Gámez

Monterrey, México, Agencia de Noticias 3er Sector.- La película Los Domingos, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa y reconocida como ganadora de los Premios Goya, se posiciona como una obra íntima que cuestiona la idea de la familia como refugio inquebrantable, al tiempo que explora la fe como una necesidad profundamente humana.

La historia sigue a Ainara, interpretada por Blanca Soroa, una joven de 17 años cuya vida parece encaminada hacia la universidad, hasta que decide comunicar a su familia una determinación inesperada: ingresar a un convento de clausura. La noticia abre una grieta emocional que enfrenta a todos con sus propias creencias, miedos y expectativas.

Ruiz de Azúa revela que el origen del filme surge de una anécdota real: una joven que, a los 18 años, decidió entrar de forma repentina a un convento, pese a los intentos fallidos de su familia por disuadirla. A partir de ahí, emergen las preguntas que articulan la narrativa: ¿por qué alguien opta por aislarse del mundo justo al inicio de la vida adulta? ¿Qué impulsa una decisión tan radical frente a un entorno incierto y, a veces, hostil?

La cineasta encuentra en la vocación de clausura una metáfora poderosa: una de las expresiones más extremas de la búsqueda de un lugar en el mundo. Bajo esta premisa, Los Domingos se convierte en una excusa narrativa para desmontar la idea de la familia como un refugio natural e incuestionable. “Todos hacemos apuestas de fe”, sugiere la directora, ya sea en Dios, en una relación o en la propia familia, entendida muchas veces como un vínculo indisoluble.

El título del filme también encierra un simbolismo clave. El domingo, día del Señor en la tradición católica, es también ese momento en el que muchas familias se reúnen, a menudo por compromiso. En ese espacio cotidiano se condensan tensiones universales: discusiones, rutinas, silencios incómodos y la dificultad de romper con los lazos familiares, incluso cuando estos dejan de ser un refugio.

En lo formal, Ruiz de Azúa apuesta por una narrativa contenida, casi desnuda, donde los personajes respiran desde la intimidad. La película se construye tanto desde lo que se dice como desde lo que se omite: silencios, miradas y ausencias que revelan más que los diálogos. La decisión de excluir elementos visuales explícitos —como las figuras divinas— y apoyarse en una única banda sonora coral, dota al relato de una atmósfera poética que envuelve lo cotidiano con una sensación de vulnerabilidad.

Lo espiritual atraviesa toda la película, pero no se limita al ámbito religioso. Está presente en los rituales, en la vida conventual, en las conversaciones íntimas, pero también en lo invisible: en las pérdidas, en los amores inciertos, en las rupturas silenciosas. Es, en esencia, una dimensión emocional que acompaña a los personajes —y al espectador— en su necesidad de creer en algo.

Con una mirada sensible y rigurosa, Los Domingos trasciende el conflicto inicial para adentrarse en lo más profundo de la condición humana: la fragilidad, la pertenencia y esa constante búsqueda de sentido que define nuestras decisiones.

La película se estrenará en México el próximo 1 de abril.