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Nariño: un viaje por los volcanes, los sabores y la memoria de un pueblo

Estilos de Vida
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Por John Acosta

Nariño, Colombia.- Viajar a Nariño es sumergirse en un territorio de contrastes. Entre montañas imponentes y lagunas envueltas en bruma, entre el frío de los páramos y la calidez de sus gentes, este departamento del sur de Colombia emerge hoy como uno de los destinos turísticos emergentes más fascinantes de Latinoamérica, Su riqueza natural, cultural y gastronómica, unida a la pasión de sus comunidades por conservar su herencia, hicieron que este viaje para mi fuese una experiencia completamente transformadora.

Entre climas y paisajes cambiantes.

Una de las sorpresas más cautivadoras de Nariño es la variedad de temperaturas que se experimentan en cuestión de pocas horas de recorrido. En Consacá, por ejemplo, el termómetro baja hasta los 5 grados, con un aire frío que invita a disfrutar del fuego en chimenea, de la comida caliente y de los hervidos de frutas, metido en una ruana multicolor. En contraste, en Ospina la temperatura sube hasta los 20 grados, mostrando un clima más templado y amable. Esta diversidad climática no solo determina los paisajes, montañas cubiertas de verdes infinitos, páramos, lagunas y valles fértiles, sino también los innumerables cultivos, y la gastronomía que define la identidad de cada municipio.

Entre hoteles boutique y hospedajes rurales.

El turismo en Nariño ofrece opciones para todos los gustos. En Pasto e Ipiales por ejemplo es posible encontrar hoteles sofisticados, de estilo boutique, con estándares internacionales capaces de satisfacer al visitante más exigente. Elegantes, cómodos y diseñados para un público cosmopolita como los hoteles Nogal Suite, estos espacios demuestran que Nariño está preparado para competir con destinos consolidados.

En contraste, por ejemplo en la ruralidad de Consacá y Sandoná el hospedaje adquiere otro encanto: el de lo auténtico. Allí se encuentran fincas y hoteles rurales, donde la sencillez, la calidez humana y el contacto directo hacen que vivas la naturaleza de una forma muy cómoda.

La ruta de la Vía Láctea: el oro blanco de Guachucal.

En Guachucal, pueblo lechero por excelencia, tuve la oportunidad de recorrer la Ruta de la Vía Láctea, una experiencia que marida vinos y quesos, celebrando lo que llaman con orgullo su “oro blanco”. Allí, empresas como Lácteos La Realeza procesan hasta 180.000 litros diarios de leche, ofreciendo quesos frescos, semicurados y curados de calidad sobresaliente.

Más de 25 microempresas se han unido a esta apuesta que convierte la producción lechera en motor de turismo. El recorrido inicia en el Hotel Naloa Real y se expande a alojamientos, visitas guiadas bilingües, catas de quesos y vinos, y tablas gastronómicas que seducen a cualquier viajero.

Omaira Bonilla, la guardiana del Encanto y el arrayan.

En el corregimiento del encanto de la cocha conocí a Omaira, madre soltera, trabajadora incansable, autoidentificada como campesina y por convicción sabedora medioambiental, descendiente directa del pueblo indígena de los Pastos, que decidió transformar la herencia de su difunto padre don Juan José Bonilla, en un proyecto de vida. En sus 4 hectáreas de reserva natural ha recuperado bosques antes destinados a la ganadería, convirtiéndolos en espacios de conservación. Allí cultiva de manera orgánica en su cuidado huerto, habas, frijoles, trigo, repollo de Bruselas, cebolla, remolacha y plantas aromáticas, papas con formas y colores nunca antes vistas y hasta cultivos hidropónicos, semillas de árboles para reforestación y de especies de flora casi perdidas; cría ganado lechero, gallinas, cuyos y conejos; y produce su propio abono natural como bocaches y microorganismos líquidos a partir de fríjoles y otros granos.

Como miembro de ASOYARCOCHA, Omaira continúa una tradición de 3 generaciones o más de 40 años dedicada a preservar la zona de la Cocha y sus ecosistemas. En esta comunidad, la educación ambiental comienza desde la primera infancia: los niños antes de saber leer y escribir crecen ya sabiendo en profundidad que cuidar la tierra es garantizar su futuro, nuestro futuro.

Hablando de la descendencia de Omaira, les dejo un dato curioso, ella me ha contado que prácticamente casi toda la población de la zona regional del nororiente, sur oriente, centro y nudo de los pastos del departamento de Nariño son descendientes en primera y segunda generación de los pueblos indígenas de los pastos provenientes desde la zona fronteriza andina entre Carchi Ecuador y Nariño Colombia, y el pueblo indígena de los Quillacingas provenientes del centro y nororiente de Nariño en el centro de la cordillera de los Andes, ambos con diferencias culturales y cosmológicas pero en cierta forma agrupados viviendo en mutua armonía entre identidades ya que algunos se autoidentifican como campesinos y otros como indígenas, en definitiva, un ejemplo claro y admirable de convivencia .

La Laguna de La Cocha, la pequeña Venecia Colombiana y el corregimiento del Encanto.

Uno de los lugares más emblemáticos de Nariño, la laguna de la Cocha o también conocida como lago Guamuez, es el segundo cuerpo de agua natural más grande de Colombia, con aproximadamente de 40km cuadrados de diámetro ubicada a una altura superior a los 2600 m.s.n.m. rodeada de montañas que cautivan por su belleza y por la pequeña población indígena que la bordea, una parte de ella es conocida como “La pequeña Venecia colombiana” gracias a sus pequeños canales navegados por una especie góndolas criollas, cruzando un pequeño corregimiento llamado el Encanto, merecedor de este nombre por su interesante y llamativa arquitectura, ya que también parece una pequeña Suiza Colombiana con casas de madera tipo chalet, construidos sobre pilotes en canales navegables.

Un dato curioso es que dentro de la laguna justo en su costado norte, se encuentra “el santuario de flora isla La Carota”, es el parque nacional natural protegido más pequeño de Colombia y probablemente del mundo, contando solo con escasas 14 hectáreas terrestres, que vista desde lejos se me asemeja al caparazón de una pequeña tortuga verde sobre el agua, este mágico lugar alberga un pequeño bosque andino insular, sorprendentemente diverso, además de ser un centro energético ancestral, venerado y muy respetado por los pueblos indígenas Quillacingas de la zona desde hace cientos de años, en su momento se solían hacer rituales espirituales de conexión con la naturaleza, de hecho en nuestra limitada y muy corta visita (por motivos de conservación), solo con acceso limitado al borde de la isla, antes de bajar de nuestra góndola e ingresar a la isla, Manuel nuestro guía, nos recomendó de respetar y pedir permiso al lugar, para poder pisar su tierra sagrada, y lo decía con mucha convicción, y creo que tenía razón ya que este lugar termino llenándonos de una bocanada de aire puro y de la poderosa energía inexplicable de su entorno, en definitiva este, se convierte en un símbolo de la riqueza natural que caracteriza a la región.

El cuy: cultura y sabor.

Si hay un plato que resume la identidad gastronómica de Nariño, ese es el cuy asado. Este pequeño animalito, conocido en otros países como conejillo de indias y considerado mascota en muchos hogares del mundo, en la zona andina de Nariño es tradición y orgullo culinario. Puede sonar extraño para el visitante foráneo ya que para muchos es la mascota ideal, pero en Nariño, la preparación del cuy es todo un ritual que honra la cultura andina. Su carne, suave, piel crujiente y de sabor particular, se sirve asada con papas y ají de maní, yo mismo doy fe de que, a pesar de la ternura de estos pequeños animales cuando están vivos, en la mesa resultan verdaderamente exquisitos, aunque no todos los bolsillos pueden pagar este manjar culinario, es toda una experiencia culinaria que considero hay que probar.

Otros sabores acompañan la experiencia: la trucha ahumada con 4 tipos de leña diferentes exquisita al olfato y a las papilas gustativas, el frito pastuso acompañado con “Crispetas” o Palomitas de Maíz, el hornado de cerdo, y dato interesante, prácticamente todos los platos van acompañados de una gran variedad y cantidad de papas cocidas, los hervidos de frutas (a base de lulo o maracuyá con o sin licor) son bienvenidos para combatir el frio andino y los famosos helados de paila en la zona “abrigada” del departamento se vuelven necesarios para una tarde calurosa. Cada plato es una ventana a la historia agrícola y cultural de la región.

El Santuario de Las Lajas: un ícono mundial.

En Ipiales, al borde del cañón del rio Guáitara a unos 50 metros de altura, se levanta una joya arquitectónica considerada entre los templos más impresionantes del planeta: el Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas. Construido en estilo gótico, con arcos que se funden en las paredes rocosas, este lugar ha sido nominado en varias ocasiones como uno de los principales destinos turísticos del mundo. Más allá de la fe que inspira, su ubicación y majestuosidad lo convierten en un sitio que quita el aliento a cualquier visitante, recomendado ir entre el atardecer y la caída de la noche, así se puede apreciar la profundidad del cañón, su pequeña cascada y la acertada iluminación de colores del templo en su exterior

Cultura, artesanía y pasión turística.

Nariño es tierra de artesanos y artistas. En talleres como el de la maestra María Estela Cabrera, los tejidos de paja de Sandoná se convierten en sombreros y piezas de diseño que combinan técnicas ancestrales con un toque contemporáneo. La vestimenta colorida, las danzas folclóricas y el Carnaval de Negros y Blancos, declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, completan una identidad cultural vibrante, por cierto, puedes visitar su museo del carnaval de negros y blancos en Pasto en el barrio conocido como de las universidades.

Un aspecto que llama la atención es la pasión de los guías turísticos: hombres y mujeres que no solo relatan datos, sino que transmiten orgullo y amor por su tierra. Gracias a ellos, cada ruta, cada lugar visitado cobra sentido con cada paisaje que cuenta una historia, nuestros guías fueron AYLLU (que significa familia) y doy fe que te atienden como tal!

Ospina: historia de una derrota y de un mito.

Ospina guarda un episodio curioso y poco contado: allí Simón Bolívar perdió una batalla durante la campaña libertadora, un hecho que marcó la relación histórica entre el Libertador y la región. Mientras en la mayoría de Colombia Bolívar es venerado como héroe, en Pasto se convirtió en una figura incómoda, incluso considerada “persona non grata” durante generaciones. La razón está en la resistencia férrea de los pastusos al proyecto independentista, lo que convirtió al sur en un bastión realista hasta el final. Hoy esa memoria aún late en la identidad local, recordando que la historia nunca es uniforme ni absoluta,

Luces y sombras en el camino.

Aunque la experiencia fue profundamente enriquecedora, también hay aspectos por mejorar: la movilidad en Pasto refleja una escasa cultura de conducción que impacta al visitante. Sin embargo, la nobleza, la hospitalidad y la firme convicción de las comunidades rurales por cuidar su entorno compensan cualquier dificultad.

Reflexión final.

Nariño lo tiene todo: volcanes majestuosos que rozan el cielo, lagunas que parecen espejos mágicos, gastronomía que sorprende el paladar y la memoria, hoteles para todos los estilos, historia singular, artesanías vivas y una naturaleza que parece infinita. Es un territorio que hoy se perfila como el destino turístico emergente de Latinoamérica, con una riqueza que trasciende las palabras y se convierte en experiencia.

Viajar a Nariño no es solo conocer un lugar, es aprender de un pueblo que ha sabido resistir, reinventarse y valorar lo esencial: la tierra, la cultura y la memoria.

Y si deseas vivir esta experiencia de manera más profunda, la Asociación Morada al Sur, integrada por 5 socios y respaldada por más de 60 aliados en 12 municipios del departamento, es la puerta de entrada perfecta. Ellos articulan visitas y orientan a los viajeros con el conocimiento de quienes aman su tierra. Entre sus aliados encontrarás tour operadores receptivos especializados, gremios turísticos, empresas de turismo religioso, cultural y de aventura, asociaciones civiles, guías expertos e incluso la academia, todos unidos para mostrarte el verdadero espíritu de Nariño.