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Infancias dentro de prisión: ¿qué significa crecer en un lugar pensado para el castigo?

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2% de las y los niños en prisión no tienen acceso a medicamentos cuando los necesitan

Ciudad de México.- En México, más de 300 niños y niñas viven en prisión.  La Cana, organización con más de diez años de experiencia en México dedicada a trabajar con mujeres privadas de la libertad, enfatiza que la infancia debería ser un tiempo para explorar, aprender y crecer. Sin embargo, algunos niños dan sus primeros pasos entre muros, sin acceso suficiente a educación, juego o estímulos para crecer y desarrollarse. 

De acuerdo con la legislación mexicana, las mujeres privadas de la libertad con hijas o hijos tienen derecho a convivir con su hija o hijo en el Centro Penitenciario hasta que cumpla los tres años de edad, y a recibir educación inicial y tener acceso a participar en actividades recreativas y lúdicas, según establece la Ley de Ejecución Penal.  No obstante, este marco es señalado por distintas organizaciones como violatorio a parámetros internacionales por el derecho de niñas y niños de convivir con sus madres.

Los datos disponibles sobre las infancias en centros penitenciarios mexicanos revelan que:

El 79.2% de las y los niños en prisión no tienen acceso a medicamentos cuando los necesitan

Sólo el 21% recibe una alimentación adecuada

A nivel nacional solo existen 11 áreas de maternidad en centros penitenciarios.

Sólo el 21% tiene acceso a juguetes. 66.7% El resto depende de donaciones de familiares u organizaciones externas.

¿Qué implica crecer en un lugar pensado para castigar?

Durante los primeros años de vida, un bebé aprende del mundo a través de la cercanía con su madre. No obstante, las prisiones no están diseñadas para acompañar ese desarrollo ni ofrecen las condiciones que un bebé y su madre necesitan.

Aunque en el artículo 4 de la Constitución Mexicana se establece que “los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral" las infancias en estos espacios cuentan con pocos estímulos, poca variedad de colores, sonidos, objetos o espacios para explorar.

Frente a este panorama, el trabajo de La Cana y de otras iniciativas resulta fundamental: que las niñas y niños que nacen o crecen en prisión puedan hacerlo con atención médica, alimentación adecuada y los estímulos necesarios en sus primeros años de vida.

Desde la organización, el programa de Maternidad e Infancias en Prisión de La Cana busca transformar los centros penitenciarios en espacios que garanticen derechos, reconociendo que acompañar la maternidad y el desarrollo de niñas y niños en reclusión es un acto de justicia social y derechos humanos, no de asistencialismo.

Este programa se enfoca en:

Atención integral a la infancia: mediante servicios de salud, monitoreo nutricional, entrega de insumos básicos y actividades de desarrollo infantil.

Fortalecimiento institucional y sensibilización: mediante diagnósticos y seguimiento de condiciones penitenciarias, capacitación al personal en derechos de la niñez y perspectiva de género, y coordinación con instancias públicas y sociedad civil para el diseño de protocolos de atención.

Las infancias que crecen en prisión merecen atención, cuidado y protección, y La Cana ofrece distintas maneras de sumarse al cambio. Desde la convicción de que el juego es un derecho y un punto de partida, la organización lanzó la colección: ¿Qué querías ser grande? , una colección que reúne las profesiones que suelen poblar los sueños de la infancia: aquellas que imaginamos cuando, por primera vez, pensamos en el futuro.

Con tu ayuda, un mejor futuro y condiciones de vida de esta población son posibles.