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Mar, Abr
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Recuperan valor de la gente en industrialización de Monterrey

Desarrollo
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Indagan el significado de los habitantes en la construcción de los barrios de Monterrey

Por Daniel Reyna/Fotografía: Perla Tamez

Monterrey, México, UANL (Punto U).- La historia de la revolución industrial en Monterrey es conocida por las enormes fábricas y sus estructuras, pero existe un patrimonio intangible del que muy poca gente ha escuchado. Ese legado que viste las calles de las colonias que las grandes industrias fundaron en su tiempo.

Estas colonias, que fueron provistas con espacios como escuelas, tiendas de abarrotes e iglesias, tienen un valor que va más allá de lo estructural y que toma un significado gracias a la gente que las ha habitado.

Así lo narra el libro de Camilo Contreras y César Morado Memoria industrial, trabajo de divulgación que da testimonio de la historia de casi 150 años de la industria en la entidad, con temas como la recuperación de la memoria, la vida del barrio obrero, el arte y la industria y la herencia.

A lo largo de los capítulos se cuenta sobre aquello que rodea la entrada de la industria en Monterrey, la primera sociedad que creció en una ciudad completamente industrializada y las historias que esta situación fue tejiendo.

Historias que dan vida a la ciudad

En el libro se cuenta un sinfín de anécdotas, desde un viejo tejabán que los vecinos preservan porque perteneció a Ángel Macías, protagonista de los niños campeones de 1958 en Williamsport, hasta trabajadores industriales que le escribían poemas y canciones a sus lugares de trabajo.

“La gente está muy dispuesta a compartir su legado, a compartir lo que para ellos significó la vida de su padre o su madre trabajadora o trabajador, eso también nos motivó”, aseguró Camilo Contreras, Doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Regionales.

El libro reúne información de todo lo que conllevó ese proceso de convertir a Monterrey en una capital industrial, que se afianzó con el paso de los años hasta convertirse en lo que es hoy, con ese toque de realidad que aporta lo más puro que tiene la historia: su gente.